El ajuar de mi madre: La Habana, 1960
Ella estaba en la zapatería con la cartera en la mano,
la primera compra del viaje.
—Este modelo es muy popular —dijo el vendedor—.
La princesa Grace fue retratada
cubriendo su embarazo con uno igualito.
Su alteza lo tenía frente a la barriga así:
El bolso Kelly.
Es la última moda en París.
Ella examinó la cartera de charol,
grande y cuadrada,
un trapezoide con tira sencilla.
El edificio se estremeció.
El vendedor saltó, suspendido en el aire,
al igual que un par de tacones color carmelita,
rebotando en el estante
como piezas de ajedrez en un tablero.
Miró los fragmentos de cristal a sus pies,
y el escaparate,
o el vacío que había ocupado el escaparate,
y se fue de regreso a casa en autobús.
Su madre se preocuparía
al enterarse del bombardeo en la bahía.
Nadie quiso aceptar responsabilidad.
—ni los revolucionarios,
ni los yanquis,
ni siquiera los batisteros,
pero todos eran responsables.
El autobús avanzaba lentamente por la Carretera Central
cuando lo vio desde su ventana:
un camión sobrecargado que derramaba su carga por el asfalto.
Trozos de carne.
Brazos, piernas, manos,
y varias partes que no se podían identificar.
Lloró en voz baja, incapaz de apartar la mirada,
mientras abrazaba la cartera Kelly,
La última moda en París.